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El comienzo del contagio

Publicado el 19 de octubre de 2008 en , por Hilda Martín, comentarios cerrados.

Y las banderas amarillas ondeaban en torres y miradores: Cádiz, octubre de 1800.

Sobre las causas del contagio, Morla La epidemia empezó a finales de Julio y principios de Agosto en el barrio de Santa María, extendiéndose rápidamente por la Calle de Sopranis y Botica. En este barrio vivía una población importante de castellanos nuevos, todos muy devotos de la imagen del Padre Jesús del Nazareno y, por tanto, todos hermanos de dicho Señor. Confiados en que las súplicas al Señor de Santa María paliarían el azote de la enfermedad, instaron al Magistrado de la ciudad a sacarlo en una procesión que duró casi siete horas y recorrió, prácticamente, todas las calles principales de los distintos barrios, produciendo un efecto contrario al deseado: aglutinó a tantos fervorosos vecinos que la fiebre corrió como la pólvora.

Pero las salidas procesionales no se detuvieron hasta que Don Tomás de Morla se hizo cargo de la ciudad y, con cierta visión científica amparada por algunos médicos de la época, las prohibió, por entender que “la unión de muchas personas en cualquier modo expande los humores de la fiebre tifoidea”.

Fue a partir de este momento cuando empezaron a contarse por cientos los contagiados: barrios como el de La Cuna, Ave María y San Antonio, que apenas habían tenido enfermos, se llenaron de ellos, así como ocurrió en San Lorenzo y la Viña.

Muchos gaditanos, asustados por el ímpetu con el que se presentó la muerte, huyeron de la ciudad y allí por donde fueron esparcieron la epidemia. Los pueblos y ciudades de la provincia que evitaron el contacto con la capital se guardaron de la virulencia de las calenturas amarillas. Desde Madrid se pedía, bajo pena de encarcelamiento y castigo físico, que los habitantes de la Andalucía baja no intentaran pasar de Despeñaperros. En los pueblos de La Carolina y La Carlota quedaba tropa dedicada a evitar que ésto ocurriera. Dicha cedula está recogida en el periódico “El Mercurio“, Octubre de 1800, editado en Madrid.

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