El sitio del tifus
Y las banderas amarillas ondaban sobre las torres y miradores: Cádiz, Octubre de 1800.
En la Isla de León, como recoge el acta capitular del 29 de Septiembre, el señor diputado de abastos Don Antonio de La Cruz, ordenó que dos hombres auxiliaran perpetuamente a las tropas para evitar la entrada de cualquier enfermo o convaleciente procedente de Cádiz. Aun así la fiebre entró, y actuó como una ráfaga de pestilencia que obligó al consistorio, incluso, a habilitar un nuevo cementerio en las proximidades de la Cacería.
En pueblos de la sierra como Ubrique se acordonaron con el ejército las entradas y salidas, y se cortaron así todas las comunicaciones. Pero la epidemia también llegó. El hambre, provocada por las malas cosechas y la debilidad de sus habitantes mal alimentados, contribuyó a mejorar el caldo de cultivo en el que la pandemia se hizo fuerte. Fue el momento en el que Don Pedro Romero Montero, hacendado ubriqueño, habilitó unas casas cerca de la Plaza del Perdón, y construyó el primer centro asistencial en el pueblo para atender, en forma de beneficencia, a los enfermos ocasionados, al tiempo que se inauguraba la ermita de San Pedro.
En Medina y la zona de la Janda, las primeras noticias de la epidemia proceden del 22 de Agosto a través de un parte escrito por Don José Peláez y Don Manuel Jiménez Mena, quienes, junto al profesor de la Armada Don José de Barrios, comprueban que los vecinos muertos en la calle de San Francisco tienen los síntomas que caracterizan a dicha enfermedad. Pronto, desde la casa más abajo de la Silla, se extiende durante los últimos días de Agosto a la calle de Santa Catalina, calle de la Loba y calle de La Cigarra.
En la mayoría de los pueblos de la sierra y de la campiña jerezana todos los que se refugiaron en cortijos y haciendas consiguieron mantenerse sanos y aislarse de la enfermedad.
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