La muerte que vino de Baltimore
Y las banderas amarillas ondaban sobre las torres y miradores: Cádiz, Octubre de 1800.
El origen de esta epidemia no se encuentra en un solo factor desencadenante. Todos los documentos de la época parecen tener claro, que la entrada por los puertos de mar era el camino más fácil y lógico. Pero conseguir establecer el momento concreto, y el modo, fue más complicado.
El foco endémico de la misma estuvo en África. Llegó a América en los barcos negreros que trasladaban mano de obra esclava a las plantaciones. Allí, en las zonas selváticas del Caribe, encontró el ambiente adecuado donde el mosquito que la origina se aclimató.
Durante los siglos siguientes no hubo país en las Indias que no supiera de ella, viajando a Europa con la misma facilidad con que lo hacían los barcos llenos de mercancías, entrando por España y Portugal y quedándose en las zonas donde las temperaturas altas y calidas le favorecían.
Los gaditanos hablaban en esos días de una corbeta americana como causa del contagio: “El Delfín”. Construida en Baltimore, se mantuvo unos meses en la bahía de La Habana, donde la Casa de los señores de Santa María y Cuesta, la acondicionó de acuerdo a su magnifica hechura.
El 27 de Marzo de 1800 salió del puerto capitaneada por Guillermo Jaskel, su piloto, y con una tripulación de siete marineros. Como pasajero principal viajaba el Ministro del Consejo Supremo de Indias, con cinco criados, además de quince pasajeros, trece españoles y dos cubanos. Tras tocar el puerto de Charlestón, llegó a Cádiz. En el cuaderno de vigía de aquel mes, no solo aparece información sobre su carga, día de entrada y tripulación, sino que quedó reflejado que durante la travesía hubo cinco muertos. Sin embargo, no fue la única embarcación señalada. La llegada de otro navío, la polacra de comercio “El Júpiter”, en el mes de Marzo, informaba también de otra pérdida: la del piloto.
Una norma de Febrero del mismo año no permitía poner los barcos y sus tripulaciones en cuarentena, lo que favoreció, tras el desembarco de los pasajeros, la transmisión de la fiebre. Lo que los doctores tenían claro era que aunque el contagio podía provenir también de Gibraltar y del Norte de África por tierra, lo más sensato era ampliar las normas de protección y la información que traían los barcos en el momento de tocar puerto: lugar de salida, carga, y el reconocimiento médico de los tripulantes y viajeros antes de embarcar en el puerto de origen y al desembarcar en éste. La estación del año en la que se produjo la fiebre no favoreció su control, debido a la fuerza y apoyo que las altas temperaturas da a la expansión de la enfermedad.
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