Fernando VII y las golosinas
A principios del siglo XIX, la cocina francesa se ha hecho un hueco importantísimo, asentando las bases de la cocina actual en la que la calidad de los productos debe estar siempre por encima de la cantidad de los mismos.
Fernando VII, a pesar de ser un rey al parecer con muy poco apetito, le gustaba disfrutar de una mesa en la que se conjugaran productos de diversa procedencia: italiana, francesa e incluso inglesa, al mismo tiempo que degustaba platos muy tradicionales como la olla podrida, los potajes, caldos y sopas castellanas y gazpachos y salmorejos andaluces. Concedieu intentó introducir en su dieta, además de las proteínas que las carnes le aportaba, el consumo de verduras y frutas, objetivo que no consiguió. De lo que no podía carecer era del chocolate y los dulces. Su nivel de glotonería estaría al mismo nivel que el de su poca audacia para procurar la salvación de la nación española.
Quizás este consumo desmesurado de proteínas y la falta de actividad física, le ocasionó sus terribles problemas de gota. Prefería jugar al billar o a la lotería mientras degustaba dulces que pasear por el campo o cazar.
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