Madres en cuidados
“El modo de atender a la criatura dependerá de estado de la madre”
Una vez nacida la criatura con las técnicas apropiadas y según la necesidad del caso y expulsada la placenta, se actuaba del siguiente modo: se le mandaba juntar las piernas poniéndosele un trapo mojado de cocimiento emoliente sobre la vulva, si estaba dolorida o irritada, y de vino si lo que estaba es sensible pero sin heridas. Se le hacían unas comprensiones sobre el vientre para que expulsara los lochios (coágulos). Se preparaba una cama con toda la ropa limpia y menos fría que el cuerpo de la mujer. Se ventilaba el cuarto sacando todos los residuos del alumbramiento. No se aconsejaba que se durmieran para poder estar vigilante a la aparición de paños en la cara o pulso acelerado que hiciera sospechar de una hemorragia. Se les vendaba el vientre a modo de faja para que el útero se replegara.
En Cádiz y otros pueblos de Andalucía se les daba un vaso de vino o un preparado de yema de huevo, vino y azúcar, para que repusiese sus fuerzas. Se acostumbraba también a dar torrijas hasta que el consumo de las mismas demostró que empeoraba el estómago a las recién paridas. A las mujeres endebles se les daba caldos hasta que se le pasaran las calenturas de la leche, hecho con gallinas jóvenes y sanas y colando la grasa del caldo a través de un lienzo tupido.
La bebida que se les daba era el agua común con un trozo de pan tostado metido en la misma o un cocimiento de cebada, avena o raíz de escorzonera. Para la subida de la leche y las calenturas se les preparaba una infusión de amapolas encarnadas o de flor de saúco. A las que no querían criar se les daba unas sales de base alcalina. Los pechos se tapaban suspendidos sin que se les comprimiera, ni se tocaban con manos frías, para que no se retirara la leche. Si el pezón supuraba, se colocaban paños calientes y cataplasmas.
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