Del juramento a los nuevos cofrades
En el primer cabildo ordinario o general se abría la cubierta que guardaba el informe sobre la petición de ingreso y donde aparecía el informe completo referente a lo investigado sobre el sujeto. El pretendiente, que se encontraba fuera de la sala, era llamado para hacer el juramento. En la sala todos se ponían en pie incluido el sacerdote; puesto el pretendiente de rodillas, con la cruz en el pecho y la mano derecha sobre los estatutos en los que se encontraban los Santos Evangelios, juraba In verbo sacerdotis. El hermano secretario le preguntaba “¿Usted jura a Dios y a esta Cruz defender que la Santísima Virgen María Nuestra Señora fue concebida en gracia en el primer instante de su ser según está hoy declarado por Nuestra Santísima Madre Iglesia y pueda declararse en adelante?”. A lo que el aspirante contestaba: “Sí, juro”.
Puesto en pie, sin la cruz y fuera de juramento, se le volvía a demandar: “ ¿Ofrece observar puntualmente todos nuestros estatutos y cumplir fielmente cualquier cosa que por estas santas cofradías se le comisione?” A lo cual debía responder: “Sí, prometo”. Hecho todo esto se le daba asiento en señal de posesión.
Si el nuevo cofrade era menor de quince años no hacía el juramento hasta que los cumpliera; se le daba vela en las funciones aunque no pudiera participar en los cabildos ni en la petición de demandas.
Para la entrada de las mujeres todas las diligencias debían hacerse a través de otra persona y luego de leerlas ser inscritas sin más circunstancias. Si ésta era casada se inscribía junto a su marido, y si era soltera o viuda en un libro aparte.
Cuando los pretendientes o cofrades fueran señores eclesiásticos, caballeros de ordenes militares o hijos de hermanos, estaban dispensados del informe de sanguineidad, aunque sí se exigía el de vida y costumbres. Si el pretendiente fuera un enfermo que quería ganar gracias, lo comunicaría él o un pariente al hermano celador que practicaba el informe a la mayor brevedad. La junta de Gobierno pasaría por la casa del solicitante y le haría el juramento con la salvedad de que si sanase debería seguir cumpliendo con los estatutos.
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