De la limosna
Si el pretendiente a cofrade era soltero debía dar una limosna de cuarenta reales para la cofradía más ocho reales para el muñidor. Las mujeres solteras o viudas de hermanos tenían que dar la limosna de entrada por completo. Los enfermos sesenta reales por el desplazamiento y por el compromiso de la hermandad de asistirlo hasta su muerte y ocho más para el muñidor. Los hombres casados veinte reales con la posibilidad de que pudieran entrar como hermanas sus esposas una vez dada la misma limosna.
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