Sobre la calidad del pretendiente a ser hermano
El objeto de cualquier cofradía no era otro que el de servir y aliviar a las almas afligidas, por lo que no limitaban la entrada de cofrades, ya que el aumento del número de los cofrades hacía aumentar el fervor que sus estatutos fomentaba. Solían componerlas un cuerpo de sujetos de notoria y acreditada conducta; así procuraban conservar el lustre y honor de los mismos desde su fundación, por lo que ordenaban que todos los que querían hermanarse fueran y guardaran las tradiciones de sus padres y abuelos cristianos viejos. Después de la Real Cédula del 18 de Marzo de 1783 en la que se declaran determinados trabajos como viles, se vigila la dedicación y profesión de los pretendientes a hermanos.
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