Del orden en la procesión
Delante iba el muñidor con la ropa de la cofradía y el escudo de la misma. A continuación los dos priostes, en medio el consiliario con sus varas. Arriba el Hermano Mayor con vara. Tras él, el Sin Pecado de la cofradía a la derecha el Mayordomo, el secretario, los cargos eclesiásticos y todos los demás. Al lado izquierdo el prioste de bienes. El hermano celador no tenía sitio fijo ya que debía andar toda la procesión para que fuese ordenada. Detrás del Sin Pecado, la Cruz Parroquial con ceras encendidas, concluyendo la procesión el Palio que llevara como titular la cofradía.
Durante el siglo XVIII las cofradías que se formaron en Cádiz fueron: la Piedad en 1724, los Afligidos en 1726, en 1727 los Servitas, la Salud a finales del XVIII y Las Angustias en 1732, existiendo ya por entonces y desde el siglo XVI la Vera Cruz, el Santo Entierro y el Nazareno, y del siglo XVII la Humildad y Paciencia, La Columna y la Expiración.
“Ya es notorio al público el atropellamiento, violación y gran destrozo que las infernales tropas francesas cometieron en algunas de las Iglesias de esta Ciudad. Aún todavía nos estremecemos al mirar el hermoso Templo del Convento de Padres Agustinos afeado y denegrido por el humo de las voraces llamas que incendiaron parte de dicho Convento, su sacristía y capilla mayor: aún nos horrorizamos al recordar los sacrilegios de que en el Convento de Madres Bernardas hicieron un fuego diabólico, llegando hasta el infame exceso de abrir a fusilazos el Sagrario y tratar con el mayor desprecio las sagradas formas”.
El Correo de Jaén 1808. BVPH
El 8 de Abril de 1808, un mes antes del levantamiento de Madrid, celdas, claustros y refectorios de conventos y monasterios de la Corte se encontraban tomados por las tropas francesas. Carlos IV, había cedido estos lugares, de gran arraigo popular, a unos aliados que se preparaban para convertirse en feroces enemigos. Felipe Salgado, prior del Monasterio de los Jerónimos, hace saber a sus superiores el temor que le produce esta situación ante la llegada del domingo de Ramos y la algarabía de gentes que pudiera acabar en motín popular. La resolución dada obligaba a la recogida de la procesión antes de llegar la noche, que los oficios se celebraran a puerta cerrada y, finalmente, que fueran los propios monjes los que decidieran, según los acontecimientos, celebrar o no la procesión del viernes santo, que finalmente no se celebró.
Todas las cofradías que quisieron renovar sus estatutos volvieron a procesionar durante el reinado de Carlos IV, hasta que José I en 1809, aunque ante él mismo procesionara en 1810 la cofradía de Carreterías de Sevilla, suprimió las órdenes monásticas y con ello el cierre de conventos y monasterios, promoviendo el saqueo de las iglesias y destrucción de imágenes: Vírgenes como la del Buen Fin de la Lanzada de Sevilla, mutilada a golpes de sable, Cristos a los que rompían brazos y piernas con las varas de los estandartes, sacristías y claustros convertidos en caballerizas como el Convento de las Comendadoras del Espíritu Santo en El Puerto de Santa María, o las Cofradías de Jerez, que para evitar el saqueo francés, tuvieron que refugiarse en la Iglesia de San Agustín y pintar la cruz del Cristo de la Expiración de verde para que creyesen que era de madera.
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