Camino de Cádiz a Madrid
La carretera general dentro de la provincia era de unas dieciséis leguas y media y transcurría por San Fernando, Puerto Real, Puerto de Santa María, Jerez, Real Casa del Cuervo y venta de las Torres de Locaz, limite del término. Durante el trayecto podían encontrarse hasta cinco paradas de postas para monturas y diligencias.
El primer tramo que conducía desde Cádiz a San Fernando, se dividía en dos leguas de longitud, diferenciándose dos caminos en el mismo. El primero llegaba hasta Torregorda interrumpido por el fuerte de San Fernando y que pasaba por los vergeles de Puerta de Tierra, barrio del cementerio de San José, la punta de la Vaca, el castillo y carenero del Puntal y el ventorrillo de Castañeda. A la derecha, el cementerio rural, cortadura, el ventorrillo del Arrecife, el ventorrillo del Caído y Torregorda. Desde allí hasta la Isla de León, los molinos harineros de Santibáñez y San José, las salinas frente la que había un ventorrillo llamado de Isabel, el molino harinero de San Miguel y la batería de artillería de Marina hasta río Arillo.
De San Fernando a Puerto Real, pasaba por el Puente de Suazo, las fortificaciones de su cabeza y la batería del Portazgo. Desde allí, salinas y esteros ininterrumpidos por pinares y tierras de labor y por la venta llamada de “Afuera”.
Desde el arrecife de Puerto Real al Puerto de Santa María lo atravesaba el río San Pedro y el Guadalete y sobre ellos el puente de San Pedro y el de San Alejandro, puentes de barcas que fueron destruidos durante la guerra y que serían sustituidos en 1846, según recoge Madoz, por otros de cables de alambre que construyó una empresa extranjera. Mientras tanto, barcas y botes sirvieron para pasar a la otra orilla.
Cerca de Puerto Real se encontraba el pozo de Carretones que surtía a la población de agua y que rodeado de árboles frutales introducía el camino hacía las marismas y el coto de La Algaida.
Del Puerto de Santa María a Jerez, la carretera aparecía poco tortuosa y capaz para coches, calesas y caballos. Pasaba por una pequeña ensenada que hacía el Guadalete, el Portal, desde donde se embarcaban toneles de vino y productos agrícolas hacía la bahía.
A una legua de Jerez, el llamado pino de la legua que dirigía al viajero hacía la sierra de Gibalin, dejando a la derecha el cortijo de la Romanina y desde allí atravesando tierras de olivares hasta las Torres de Locaz (Alocaz). Bajo la venta de San Antonio estaba la casa de postas que ponía fin al camino dentro de la provincia y que continuaba hasta Lebrija.
San Fernando se unía a Chiclana hasta el Portazgo por el mismo camino que iba hacía Madrid. Para atravesar el caño Zurraque se utilizaba una barca de pasaje que una vez concluida la guerra y expulsados los franceses apostados en las salinas y pinares contiguos, fue sustituida por el puente de la Victoria. El camino completamente destruido durante la guerra atravesaba la alameda hasta la entrada del la Banda de Chiclana.
Medina, se erigía como el nudo estratégico entre los caminos que unían la costa con la sierra y viceversa.
Para dirigirse a Medina, el camino era de herradura o a pie, desde el molino harinero de Osio se pasaba a la laguna de Montellano y el Barrueco, encontrándose con el pozo de los Cordones, abrevadero para animales y los arroyos de Matajaca y el Saltillo. Tras estos el puerto de la Ventilla, el ventorrillo de la Calzada y Medina.
Desde Medina hasta Chiclana, el camino solo era posible a ruedas en verano, una vez pasado el Saltillo se pasaba el pozo del Boyar, la hacienda el Doctoral y las huertas de Fontanar, tierras todas de labranza.
Para Conil, se tomaba como referencia la cortijada de chozas el Naveto, hasta los molinos de viento que se veían a la entrada del pueblo.
Desde Medina hasta Vejer, camino solo de herradura por ser tierras de campiña y pedregosa, se pasaba por el puente del Algarejo que atravesaba el río Salado, los molinos de Badalejo y los de Cucarrete en las faldas de las Mesas y la mojonera de Medina. Cortijo de Cantarranas, arroyo de Cabriabigo, el chaparral el Boyar y las huertas de Librero que eran extensas campiñas hasta el río Bárbate.
Camino de herradura también el que iba desde Medina hasta Tarifa, desde los molinos de Cucarrete y de Benaluz, rodeando el río Bárbate y el Celemín se adentraban en caminos de pastos salteados por cortijos como el de la Haba y que llevaban hasta la garganta de Aciscar y que siguiendo el riachuelo de Almodóvar desembocaba en la laguna de la Janda. De allí la huerta de Hacina (Facina) y su ermita. Junto al cerro de la Peña, las casas del Porro, abrevadero para animales desde donde se veían las torres de la playa.
Hasta el río Celemín el mismo camino para Algeciras, se seguía la cañada del Valle y el puerto de la Loba en ruta hacía las dehesas de Samona y Valde-infierno que dirigían los pasos hacía el peñón del Chocolatero. Antes de entrar en los Barrios se cruzaba la Angarilla, terreno de monte y los ranchos de la Ojiz vadeando el riachuelo de las Cañas. Cruzando el río Palmones, el molino de Botafuego avisaba de la media legua de camino hasta la fuente de Alaries y el ventorrillo de María Márquez. Desde aquí hasta la entrada de Algeciras, los viajeros nos hablan de tejares y puestos de cerámica y alfarería que bordeaban el camino.
Desde el Puerto de Santa María hasta Sanlucar, el camino que había sido de herradura fue destruido por las tropas francesas. En 1833 y debido a las continuas inundaciones por las aguas provenientes del arroyo Paparratones, se instalaron por primera vez sistemas de alcantarillados que convirtió el camino útil para calesas y carruajes.
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