Sobre la instrucción pública y privada
Durante el siglo XVIII el hecho más importante en la educación de España y la América hispana, sería la supresión de la Compañía de Jesús por mandato de Carlos III. Los jesuitas tenían como objetivo, fomentar la enseñanza de la juventud, sobre todo en lo tocante a las primeras letras, latín y retórica. Suspendiéndose en ese momento la enseñanza por parte de maestros y preceptores y la creación de internados en casas de educación, seminarios o pupilajes para maestros y alumnos en las casas o colegios de jesuitas.
Carlos III, en 1771, realizo un nombramiento de los maestros y la elección de libros escolares entre los cuales figuraba un compendio de Historia de la Nación, declarando que la educación juvenil por los maestros de primeras letras es el ramo principal de la política y buen gobierno del Estado.
Afirmó, que la educación recibida durante la infancia prepara a los hombres no sólo para el progreso en ciencias y artes, sino para mejorar las costumbres. Con este mismo objetivo, creó las primeras escuelas oficiales de los niños de España.
A fines del siglo XVIII, penetran las ideas de la Ilustración y de la Enciclopedia, dando un carácter cada vez más intelectual y crítico a la enseñanza.
Las escuelas creadas a partir de fundaciones y patronatos, recibían las rentas de estos y las normas para su funcionamiento, aunque los que las regían podían cambiar, corregir o reformar algunas de ellas. De esa forma, no había unas reglas o pautas generales para todas, sino que estaban sujetas a la voluntad del patrono aunque el gobierno podía si quería pedirles cuentas e inspeccionarlas.
El plan de estudios con los años, se apartó de la idea original con la que la escuela se fundó. Profesores en su mayoría de preparación eclesiástica se empleaban en la enseñanza de gramática, retórica, filosofía y teología. Otras tantas materias eran impartidas en academias y por profesores particulares que se extendían por los barrios de nuestra ciudad.
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