La Pepa Hoy

  • vida cotidiana en el Cádiz de las Cortes
  • bicentenario de la Constitución de 1812
  • enciclopedia ilustrada del Cádiz de las luces
  • la guerra de independencia en la provincia de Cádiz
  • Cádiz gusta
  • gaditas ilustrados
  • noticias de una provincia en guerra: Cádiz 1808-1812
diputación de Cádiz

CAPITULO 6 LAS CRONICAS DE CÁDIZ: DIARIO INÉDITO DE UN RELATOR APÓCRIFO

Publicado el 15 de noviembre de 2009 en por Hilda Martín, sin comentarios.

Cádiz 8 de Septiembre de 1809

El periódico avisó de la celebración de la Natividad de María, la Iglesia concedía indulgencias por visitar siete altares.
Yo me conformaba con encontrar la casa para María, necesito tanto verla, y tenerla aquí, como salir de la pensión donde me encuentro: La Corona, en la calle Nueva, donde un ejército de mosquitos y otros insectos parecen aprovisionarse de mi sangre para los tiempos de carestía.
Después de leer la prensa de hoy, di una vuelta por la ciudad acompañado por Salvador Grimaldi, perteneciente a una familia genovesa afincada en esta ciudad desde años y amigo desde mi última estancia aquí con motivo de la epidemia de fiebre amarilla.
Salvador, pertenece a una de esas familias que desde mediados del siglo pasado llegaron ligadas a la política de fomento manufacturera del reinado de Carlos III. Medidas que trajeron a España los mejores especialistas en telares, como Cuadropani, en Valencia, o Margarita Rosa en Murcia. La familia Grimaldi se dedicó en un principio a la elaboración de zapatos con seda piamontesa, pero desde entonces y hasta ahora la familia había medrado, convirtiéndose en una de las propietarias de navieras y de inmuebles más importantes de la ciudad. Copia de los muchos comerciantes conservadores que con sus riquezas no han transformado en nada la economía de la ciudad, sino que más bien se han limitado a imitar las formas de vida noble de las familias aristocráticas.
Subí por San Francisco para después salir a la calle Ancha, donde habíamos quedado junto a la librería de don Victoriano Pajares. Tenía tiempo suficiente para leer, sentado ya en la plaza de San Agustín, el último número publicado del Seminario Patriótico de Madrid del 30 de Agosto.
Todos sabíamos que este último trimestre, Quintana director del Seminario Patriótico de Madrid, iba a tener grandes problemas para continuar saliendo a la calle. Éste ha sido mi periódico, he trabajado con Eugenio Tapia, Blanco White, Antillón, siempre en defensa de la libertad de la patria. Cerrarlo es mejor que mudar sus palabras a los intereses de los traidores.
Esperaré noticias suyas.

Mientras paseaba por la ciudad, acompañado por Salvador, en busca del que será mi hogar, iba recogiendo toda la información que de la ciudad, de esta ciudad tan hermosa me iba ofreciendo, con un deleite tan sublime que, junto a la luz de este cielo, me hacía olvidarme de este septiembre en guerra.
Me rondaba por la cabeza, y aun me ronda, lo ocurrido con el Seminario Patriótico, han debido ser momentos muy difíciles. Sé que Quintana quería venir a Cádiz, por eso me mandó a mí en primer lugar. Ojala sepa algo de él cuanto antes, quizás podamos reiniciar la publicación desde aquí.
Por el paseo de la Muralla, con vistas a la bahía y a la entrada del puerto, Salvador me mostró la solidez de las casas construidas de tres cuerpos con el bajo, aunque también vi algunas de cuatro cuerpos. Todas terminan en azoteas bien ladrilladas para recoger el agua de lluvia y conducirlas a los aljibes. Con excepción del pozo de la Jara, cerca de la plaza de San Antonio, no hay otro modo de conseguir agua más que de las nubes y algunas pipas que llegan a diario desde el Puerto de Santa María.
Esas casas se me antojaron coquetas y graciosas, decoradas con profusión en balcones, cierros y rejas, aunque parece ser, me contó Salvador, que la mayoría de los habitantes de estas viviendas, han tenido que entregar los hierros de puertas y ventanas para las labores de fortificación.

Prometo que todas las calles me parecieron iguales si miraba hacía las casas, aunque sin lugar a dudas me quedo con las que poseen torres. Estas últimas superan las dieciséis varas de altura y desde luego debe de apreciarse desde ellas toda la Bahía, desde Rota hasta la Isla de León, además de la entrada y salida de barcos, objetivo para el cual se construyeron. Las calles son estrechas, con la excepción de la calle Ancha y la de San Rafael, y con mucha sombra, cosa que se agradece en este mes caluroso. El suelo está limpio y cubierto de fina arena de playa. Su simpleza contrasta sin embargo con las hermosas casas recubiertas de materiales preciosos, como el mármol italiano o la caoba.

Como decía, su limpieza es fruto de los policías de barrio y de los carros de mulos que todos los días sacan la basura y barren la ciudad, servicios arrendados por el ayuntamiento al mejor postor.
La ciudad se dividía en Dieciocho comisarías:Mundo Nuevo, Santiago, San Antonio y Bendición de Dios, Santa María y la Merced, Cruz de la Verdad, Ave María, San Lorenzo, Barrio Nuevo de Santa Cruz, Capuchinos, Nuestra Señora del Pilar, Nuestra Señora de Candelaria, Viña, Nuestra Señora de las Angustias, San Roque y Boquete, Nuestra señora del Rosario y Puerta de Tierra y Puntales.
Y en ellas sus correspondientes comunidades de religiosos y religiosas entre otras la de Franciscanos, Capuchinos, Mercedarios, Carmelitas, Dominicos, Agustinos. Clérigos de San Juan de Dios y de San Felipe Neri, religiosas concepcionistas descalzas y calzadas de Santa María y las agustinas de Candelaria.
Y establecimientos de beneficencia y hospitales como los Colegios de San Bartolomé y Santa Cruz. Casa grande de viudas, antigua casa de viudas, casa de recogida, casa de expósitos, casa de misericordia, mujeres hospital de mujeres (vulgo), hospital de San Juan de Dios, hospital Real y el hospital de la Segunda Aguada

Continuamos nuestro paseo hacia la Alameda, donde Salvador iba a enseñarme algunas casas que puedo alquilar. Cruzamos el barrio de San Carlos, realizado por el Conde de O, Reilly hace pocos años.
La última vez que estuve en la ciudad, los cordeles marcaban algunas de las futuras calles, aún hoy no está terminado, tengo que hacer notar que en esta zona viven gran cantidad de extranjeros, encontrándose la sede de los consulados, las consignatarias y las casas comerciales extranjeras.
Salvador insiste en que debo quedarme con una casa entera, sin tener miramientos en las posibilidades económicas con las que cuento, máxime ahora que no sé muy bien en qué va a consistir mi trabajo. Entiendo que mi esposa María ha estado acostumbrada en la Corte a un hogar sin privaciones. Desde que era una niña el acomodo y el lujo la acompañaron, fruto de la familia noble en la que había nacido. Sin embargo, María decidió compartir su vida con alguien sin demasiados recursos, un amante de la pluma que más que títulos contaba con letras y tinta. Aprecio a Salvador, pero debo conformarme con un piso o con algunas habitaciones.
En el periódico de esta mañana leí que la casa de la señora Marquesa de Santa María, que los gaditanos llaman la casa de Juan Pagés, en la calle de las Escuelas número 154, la han arreglado y reedificado y que hay habitaciones libres para alquilar. Mañana intentaré ir a verla.
Continuará Diego de Ustariz,

cap6.jpg

Comentarios

Aún sin comentarios.

Comentar

Formulario para comentar




(Ayuda Textile)

Los comentarios son moderados por el administrador. Por favor, aguarde su publicación.

Comentarios

Aún sin comentarios.

Comentar

Formulario para comentar




(Ayuda Textile)

Los comentarios son moderados por el administrador. Por favor, aguarde su publicación.