TRISTE DESTINO DE LOS PRISIONEROS FRANCESES
LA ISLA DE LA CABRERA
Los muelles de Sanlúcar, durante varios días se llenaron después de la batalla de Bailen, de prisioneros franceses, que hacinados, perseguidos y maltratados por un pueblo temeroso de la invasión, pedía a gritos que se marcharan.
Durante algún tiempo, la promesa de que iban a ser devueltos a Francia les hacía vivir con valentía aquellos terribles días, repartidos por los pueblos de la bahía y en los pontones flotantes. Sin embargo, y tras una decisión impuesta por los ingleses, siempre temerosos a que pudieran volver a alistarse una vez en tierras francesas, Wellington y el almirante Collingwood, siguiendo las ordenes de políticos ingleses, empezaron a embarcarlos hacía Mallorca con el apoyo del gobernador de Cádiz.
Más de siete mil soldados, salieron de aguas gaditanas, aunque no fueron todos los pontones vaciados de proscritos, hacía Canarias y las Baleares. Mallorca no los acepto, ni tampoco los ingleses que se encontraban en Menorca. Solo quedaba la posibilidad de una isla desierta, la isla de Cabrera. A lo largo del conflicto el numero aumento a trece mil soldados de los que solo sobrevivieron tres mil, los únicos que fueron liberados el 16 de Mayo de 1814.
Quedaron confinados en un territorio hostil, abandonados a su suerte sin recursos, sin sustento sin agua, sin ropa y sin lugar donde guarecerse más que algunas cuevas. A penas a media hora en barco de Mallorca, era imposible hacer el trayecto a nado por lo peligroso de las corrientes.
Se organizaron así:
1.Los “Robinsones” que trataban de sobrevivir con los pocos recursos que sacaban del mar y las provisiones que traían las chalupas.
2.Los locos y enfermos que son obligados a vivir en la cueva de los Tártaros, y que debido a la falta de alimento recurrían al canibalismo.
3.Las mujeres, que se prostituían a cambio de comida.
LA MISIÓN DESDE CÁDIZ 1809
En Enero de 1809: El Conde de Villael, gobernador de Cádiz, escribe a Martín de Garay sobre la necesidad imperiosa de alejar de la ciudad y la bahía a los prisioneros franceses a los que considera demonios que hacen el mal de mil maneras. Abogando por el amor y la devoción patriótica que este pueblo gaditano ha demostrado en sus donaciones y esfuerzos por defender la patria, pide encarecidamente que el coronel de regimiento Rodrigo, no sea nombrado al mando del traslado de estos prisioneros por las quejas que hay sobre su persona, por su falta de preparación modales y educación.
En la primavera de 1809, presos procedentes de Cádiz, Cartagena, Granada, Jerez, Medina Sidonia, San Lorenzo, San Fernando, Valencia y Vejer, están siendo preparados para salir a una cárcel en el exilio, las Islas Baleares. La cota es de ocho mil prisioneros, el resto o quedaron en los pontones flotantes o se dirigieron a Algeciras, Málaga y Almería. Se nombra jefe de la escuadra de los buques que transportaran a dichos presos y de los barcos que lo custodian a Dº José de Vargas, quien de acuerdo con los Comandante, gobernadores de la provincia, gobernador de Cádiz y auxiliado por el intendente y subdelegado de ventas de la plaza, dispondrán de todo lo necesario. Por cada dos mil prisioneros se nombro un oficial de detall y un contador. Se les otorga vivir en unas cabañas cercanas y próximas a los navíos y en las que habría una guardia de infantería de la plaza.
En estas cabañas estarían las oficinas de los oficiales del detall y contadores y los guardias siempre de dos en dos, se preocuparían de todo lo concerniente a la seguridad de los prisioneros. De acuerdo a la petición reiterada del Conde de Ayamans de la Junta de Baleares, se exige la presencia de dos lanchas cañoneras y una fragata de guerra en las costas de Mallorca y Cabrera con la intención de salvaguardar las instalaciones destinadas a los presos. Como norma se pide que a los prisioneros se les de la ropa precisa para su abrigo y su aseo. La ración reglada de comida y que esta sea de calidad, cama o coy dependiendo del lugar donde van a dormir y los útiles necesarios para la comida y el aseo. Debían separarse a los enfermos de los sanos, habilitándose un barco hospital para los convalecientes y trasbordando a este cuando fuera necesario. Desde el Arsenal de la Carraca, se debía facilitar el armamento necesario, pudiendo comprar lo que no hubiera en este siempre por cuenta del Ministerio de Hacienda.
El objetivo de la misión llevar a los prisioneros a las Islas Baleares y en cuanto el convoy estuviera preparado, barcos mercantes para los prisioneros, y escolta de embarcaciones de guerra, faluchos y lanchas cañoneras, salir sin más dilación. El Navío Terrible estaba al frente, el 29 de Marzo salen de Cádiz.
POSTURA DE LA JUNTA DE BALEARES:
8-3-1809
Desde las Islas Baleares, se hace constar su total desacuerdo con el traslado de los presos a sus tierras. Desde hacía meses y a través de las distintas Gacetas, se hablaba del contagio que se había producido en algunos de los pontones gaditanos y de la muerte de ochenta o noventa hombres diariamente. El temor a que esta epidemia pudiera contagiar a las gentes de las islas, hace que el Conde de Ayamans, ofrezca el lazareto de Menorca como el lugar ideal para trasladar a los presos, lugar al que en ese momento ya se dirigían un número considerable de enfermos y heridos de hospitales catalanes. La oposición de los ingleses establecidos en Menorca a que se desembarquen en esta isla a los prisioneros es tajante.
13-4-1809
Algunos de los enfermos fueron llevados al Lazareto de Mahón y el resto a la Isla de Cabrera, donde la falta de agua era el problema más importante. Admite la existencia de estos prisioneros en la zona pero hace ver en reiteradas ocasiones que necesita 400.000 reales mensuales para su manutención.
24-8-1809
Hay un intento de canjear algunos prisioneros franceses por otros españoles caso del Barón de Exelman por el hijo de uno de los miembros de la Junta Balear, Dº Francisco de Eguo, teniente coronel, hecho prisionero en Zaragoza. Del mismo modo que los prisioneros de origen suizo, piden volver a su país por no sentirse enemigos de España
RESPUESTA DESDE LA JUNTA SUPREMA DEL REINO: 22-3-1809
Se avisa que el día 29 sale el convoy desde Cádiz y que lleva cinco mil prisioneros por lo que se previene a la Junta de la Isla de Mallorca a que se disponga a la distribución de los mismos entre Menorca, Ibiza y Cabrera. Del mismo modo se avisa a la Junta de Baleares que en la fragata Cornelia, a cargo de Dº José Rodríguez de Arias, va un millón de reales para los gastos de manutención y establecimiento.
Para la tranquilidad de las islas, se hace saber que no hay epidemia y que las enfermedades son comunes debido al frio y la falta de aseo y hacinamiento en los pontones.
BUQUES MERCANTES QUE SE ENCONTRABAN EN PUNTALES, TROCADERO Y BAHÍA DE CÁDIZ CAPAZ DE TRANSPORTAR A LOS PRESOS:
Dispuestas a salir el día 8 de Febrero de 1809:
•Fragata La Intrépida de Dº Lorenzo EIejalde capaz de llevar 270 número de tropa.
•Fragata Nuestra Señora del Pilar, la Ana María cuyo dueño es Dº Francisco Ruiz de Villanueva capaz para 390.
•Fragata La Fraternidad de Dº Leandro Viniegra capaz para 240.
•Goleta María Ana de Ildefonso Ruiz del Rio capaz para 190.
•Fragata La Hermida de Joaquín Garaicoechea capaz para 600.
•Fragata La Candelaria de Dº Ramón Larreta capaz para 400
•Fragata Fuente Hermosa del mimo y capaz para 750
Para el día 19 de Febrero de 1809:
•Goleta Nuestra Señora del Carmen La Ventura de Dº José Bermúdez de Castro capaz para 180
•Polacra Nuestra Señora de Puerto Salvo de Dº Domingo Jordán capaz para 450.
•Fragata La Nueva Amable de Dº Francisco Borda capaz para 900.
Para el día 20 de Febrero de 1809:
•Bergantín El Amigo Fiel de Dº Benito Barón capaz para 180.
•Fragata el Carmen alias La Pomona de Dº Francisco Colombo capaz para 490.
•Fragata Santa Ana alias La Dido de Dº Francisco Buy y Berguel capaz para 490.
•Fragata La Minerva de Dº Pedro Regalado del Campo capaz para 600.
•Fragata San José La Fortuna de Dº Francisco Escudero capaz para 400.
Adiós peñascos, adiós montañas,
Grutas, desiertos, antros horribles;
Dejamos vuestras tristes campiñas
Para volver al hogar feliz.
Podemos volver al hogar feliz.
Podemos cantar a coro
Que la paz nos resucitará;
Pues se regresa del otro mundo
Cuando se viene de Cabrera
Laura García Gámiz
13 12 10 - 22:55 #
Les presento el libro que se acaba de publicar:
Cuando el padre nos olvida
Los prisioneros de Cabrera en la Guerra de Independencia (1808-1814)
Autor: Gabriel Froger
Título original: Souvenirs de l’Empire. Les Cabrériens. Épisode de la Guerre d’Espagne.
Traducción de Laura García Gámiz.
Editorial: Objeto Perdido Ediciones; Lleonard Muntaner, Editor S.L.
Tl. 971 25 64 05 – Fax: 971 25 61 39
Páginas: 175
Precio: 17 €
ISBN: 978-84-15076-10-0
Fecha de impresión: 20 de octubre de 2010. Palma de Mallorca.
Mi afición por los libros antiguos me llevó a descubrir este ejemplar de mediados del siglo XIX: se trata de las memorias de un prisionero francés, uno más de entre los miles que fueron abandonados en Cabrera durante la Guerra de Independencia (1808-1814).
Conmovida por la experiencia de estos soldados cautivos, traduje el libro al castellano, pensando que se trataba de un trozo de historia que se quedó al margen y que el público en general desconoce. Creo que es justo sacarla a la luz, no solamente porque supone un complemento documental, sino también por el interés humano que encierra, al hacer un repaso de los valores personales en circunstancias extremas: amor y odio, solidaridad y crueldad, hermandad y supervivencia, profunda necesidad física y moral.
El protagonista empieza narrando el paso de las tropas francesas por los Pirineos, cómo atravesaron la península; la batalla y capitulación de Bailén, la marcha de los prisioneros hasta Cádiz, su estancia en los pontones; sigue con el traslado de las tropas hasta Mallorca, su estancia en Palma y posterior embarque hacia Cabrera, en donde pasaron seis años de miseria y dolor. Por último, Sébastien Boulerot describe cómo vivió los últimos meses con los oficiales en Ibiza para terminar con su liberación y posterior llegada a Marsella, en donde acaba la obra.
Se describen escenas terribles: agresiones físicas, torturas, canibalismo, sadismo, hambruna, locura… que contrastan con aquellas otras en las que el ser humano se supera gracias a la generosidad, la amistad, la valentía, el esfuerzo, el amor, la perseverancia, el ingenio… Todas ellas dignas de ser mezcladas y agitadas en la coctelera de un buen guión cinematográfico, aunque por desgracia, basado en la más cruda realidad.
Laura García Gámiz
Profesora de Lengua Francesa y Castellana y traductora.