INSTRUCCIONES PARA LOS CABALLOS DE REMONTA EN 1810
Los caballos de guerra debían ser fríos, tener las marchas menos levantadas, pero francas y extendidas y ser de una talla y de una fuerza capaz de soportar las largas y duras fatigas. Si fuera demasiado fino y delicado no serviría como caballo de escuadrón.
Aunque a partir de los cuatro años se les habituaba a la fatiga y a la fuerza, sin violentarlo, no estaban en estado de hacer servicios hasta la edad de cinco años y medio o seis años en la que pasaban a formar parte del escuadrón. Debían sin embargo hacer ejercicios desde pequeños para no entorpecer sus miembros. La falta de este ejercicio provocaba en los potros un tejido blando y tendinoso, por lo que necesitaban salir todos los días e ir duplicando paulatinamente su trabajo. En tiempos de paz, muchos ejércitos convertían a sus animales en puros rocines, sacándolos a pasear solo seis horas a la semana. Las nuevas normas procuraran que los caballos entrenen dos horas al menos diarias y lo hicieran trotar sin jinete a la cuerda, a ambas manos.
Los caballos nuevos se confiaban al oficial encargado de la equitación que eran los que disponían quien debía que montar a cada caballo, no debiéndose montar sino cuando empieza a trotar a la cuerda con soltura y vigor, habituándolo a la silla y al bridón. Lo fundamental era ejercitarlos en la quietud, un caballo para el ejército debe mantenerse quieto. Cuando el caballo estaba listo, se le montaba en libertad procurando no dar vuelta en círculos. Se les embridaba y se trabajaba las tres marchas, paso, trote y galope.
Debían montarlo soldados hechos capaces de actuar ante cualquier contratiempo como que se desboquen, reúsen o paren, haciendo marchas al principio juntos hasta que se acostumbraran a estar en grupo.Para acostumbrarlos al fuego, se disparaba en las mismas cuadras o establos, hasta que esto se prohibió y se prefirió que se entrenara al caballo en la artillería disparando en hileras y formación.
Para conseguir caballos y que los oficiales estuvieran siempre montados, se les permitía sacar caballos de las compañías, estableciéndose los fondos que debían depositar en la caja del regimiento y que dependía de su graduación, de los cincuenta doblones de un coronel a los diez de un alférez
Sobre los arreos
La maleta se fija una duración de seis años. Al resto de los correajes y equipamiento del caballo, así como a las espuelas, cananas y cinturones no se les fija duración, y su reemplazo se deja al arbitrio de los Jefes como responsables de la brillantez de sus Regimientos. Otros útiles necesarios en la caballería eran: sillas, mantillas, bridas, cabezones, cabezadas, roñales, cinchas, mantas y trastos de limpieza.
Sobre los reclutas
Debían ejercitarse dos horas todas las mañanas a caballo y una todas las tardes a pie.Los capitanes eran los responsables de la instrucción de los reclutas escogiendo un número importante de subalternos proporcionados a los que tenían que instruirse dando las lecciones sobre equitación. Los reclutas que tuvieran caballos hechos los montarían pero no lo hacían si se trataban de potros o nuevos, es decir solo se montaban los que ya estaban adiestrados en escuadrón. Otro ejercicio se hacía sobre un caballo de madera, en el que se enseñaba a los reclutas a saltar sobre la silla con ligereza.
En cuanto al adiestramiento a pie se impartía a los reclutas que fueran adquiriendo los suficientes conocimientos en las clases de la mañana. Los soldados de segunda clase se colocaban en dos filas formados en escuadrón y el uso de las armas, el disparar y las maniobras en general se hacían del mismo modo que el de la infantería; solo variaba la distancia entre las filas. Cuando el ejercicio ya era a caballo, se colocaban en dos filas haciéndoles marchar primero al paso para rectificar la postura del soldado con el sable en la mano. Lo más importante era la alineación y mantener una distancia de pie y medio de cabeza a cola entre cada fila. Se les hacía parar, trotar y galopar de dos en dos y en grupos de a cuatro teniendo en cuenta el eje para no tropezar uso con otros.
En el galope, se ls adiestraba o en columna por trozos o en escuadrón cuidando llevar todos el mismo ritmo y velocidad. Solo en los últimos cincuenta pasos de una carga puede abandonarse al caballo a su propia velocidad
Debían montar al menos tres veces en la semana siempre fuera en verano y en invierno en los picaderos. Si los reclutas eran dragones, se les ejercitaba en la lucha cuerpo a cuerpo, siempre a la intemperie incluso en invierno.
Para culminar el entrenamiento, el caballo y su jinete, deberán realizar todos los ejercicios aprendidos mientras dispara su pistola, en cualquier tipo de terreno, matorrales, nieve, fango, piedras, bosque, playa o zona acantilada.
Antecedentes Históricos del Caballo Andaluz
La primera Yeguada Real de Castilla fue creada por Felipe II en 1571 situada en Córdoba estableciendo asi mismo el registro Oficial de Caballos. Sin embargo en el reinado de su hijo Felipe III ocurrieron una serie de hechos que perjudicaron gravemente a la raza española. La yeguada de Córdoba, cayó en manos de Gerónimo DeTiutti que hizo cubrir las yeguas por caballos normandos, daneses e italianos. Los rasgos de estos caballos, cabeza más grande, corpulentos y pesados le restaron prestancia y estilo al caballo de pura raza española. Los reyes posteriores intentaron fomentar la cría y el registro de los corceles.
En tiempos de Felipe IV, a mediados del siglo XVII, mando hacer un recuento de los caballos existentes en el reino, hasta un total de 79900 corceles repartidos del siguiente modo: Castilla y León: 24000;Andalucía y Extremadura: 26000;Aragón y Cataluña:14000;Valencia y Murcia: 8000;Navarra:3000;Galicia: 2000;Vizcaya: 2900.
Antes de la guerra de Independencia, aun existían gran número de buenos caballos para montar incluso potros de cuatro años. Como ejemplo, en 1802, llegaron a la ciudad de Écija el regimiento de Caballería de la Costa de Granada, 846 individuos montados y equipados magníficamente sobre caballos por los que algunos dieron hasta dieciocho mil reales.
Durante la guerra, los caballos fueron tratados como botín, despojados de sus dueños, de las tierras en las que pastaban y requisados por uno y otro bando. Incluso las guerrillas, utilizando el pretexto de combatir a los enemigos, saquearon yeguas y caballos de las dehesas. Muchos dueños de potros, escondieron entre los toneles y lagares de las bodegas sus más preciados corceles, que finalmente fueron encontrados o descubiertos ya que alguien envidioso los delató. El resultado terrible es que tras la guerra no existían caballos, las batallas y la ferocidad avariciosa de los contendientes acabaron con ellos.
La Yeguada Cartujana
A finales del siglo XV, los monjes cartujanos recibieron como donación cinco mil hectáreas en Jerez, donde se dedicaron a la cría y mejora de los caballos andaluces. Algunos estudios, confirman que durante el siglo XVIII, dos hermanos herradores, Andrés y Diego Zamora compraron un caballo que aparearon con una yegua de su propiedad del cual resulto un potro al que llamaron Esclavo, extraordinario reproductor que originó una yeguada que paso a manos de Pedro Picado que los transfirió a los monjes cartujanos. Caballos que en un primer momento llamaron Zamoranos, y que puede ser el origen de la casta cartujana.
Los caballos Guzmanes y los Valenzuela
En el siglo XVI Dº Luis de Manrique recibió el encargo de dedicarse a la cría caballar en Córdoba. Este recibió de regalo doce yeguas magnificas de parte de Dº Diego de Aguayo. Manrique apareo esas yeguas con un caballo perteneciente a un soldado, Guzmán, un caballo berberisco de la mejor casta. De este cruce, saldría unos de los mejores caballos llamados Guzmanes. Con el tiempo, esta yeguada paso a poder de Fernández de Córdoba que regalo parte de ella a su caballerizo mayor Don Juan de Valenzuela que la conservó totalmente pura, dando origen a una casta muy famosa conocida como los caballos Valenzuela.
“Los animales, gravemente heridos, no acaban de morir. Yo vi uno tropezando con su pata delantera en sus propias tripas, que le colgaban del vientre abierto”. Goethe 1792
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