QUE PUEDO DECIR, ESTUVE ALLÍ EL DÍA DE LA CONFERENCIA Y SALÍ CON UNAS GANAS INMENSAS DE HACER COSAS. eSTA CHICA TRANSMITE, COMUNICA, EMOCIONA Y SOBRE TODO CONOCE LA REALIDAD DE LA ÉPOCA. CREO QUE SERÍA UN MAGNIFICA GESTORA DE LOS ACTOS DEL BICENTENARIO.
CRITICA LITERARIA E HISTORICA A LAS CRONICAS DE CÁDIZ
Las Crónicas de Cádiz son el resultado de un proyecto de gran calado en el que, con la intención de poner ante los lectores los acontecimientos vividos en Cádiz y en toda España en el 1800, se aúnan la historia y el periodismo, ambos en estado puro. No se podía haber elegido mejor el género ni el formato. Desde una presentación aparentemente sencilla, aunque de gran eficacia, Diego a Ustáriz entra en nuestras vidas desde el mismo momento en que, viniendo desde Madrid, descubre que está ya en Andalucía al cruzar la Peña de los Perros. La crónica es la de un relator que transcribe para su periódico no sólo los acontecimientos, sino los lugares, sus gentes, las preocupaciones, las acciones políticas y sociales, las costumbres y, en un sentido muy moderno, sus propios sentimientos y hasta sus secretos más íntimos. Mas don Diego no es sólo un corresponsal, que lo es, y muy bueno, sino un hombre ilustrado, sensible a los acontecimientos y a la situación en la que se encuentran sus compatriotas. Por ello se involucra personalmente y, aun arrostrando severos riesgos, extiende una mirada amplia en la que nada de lo humano le es ajeno y después lo transcribe en una especie de diario-crónica para que todos puedan compartir lo que vive y siente. El tono del relato es sobrio, sereno, lleno de matices, rico en los aspectos más interesantes, atento siempre a lo esencial humano y permitiendo al lector que, tras descubrir lo que va ocurriendo, pueda hacerse una idea propia de lo que fueron suponiendo los hechos relatados, haciendo suya así una historia que le pertenece. Y ese tono va acompañado de una expresión contenida, nada exuberante, sino al contrario: los recursos aparecen en sintonía con el contenido y el tono de gran riqueza expresiva, pero de lograda sencillez, consiguiendo así una tensión dotada de gran amenidad y capacidad de comunicación. La mejor prosa no es la que anuncia el talento, sino la que lo contiene.
Hilda Martín es una historiadora verdadera y parte siempre de la investigación exhaustiva. A ella sólo le vale el rigor. Por ello Las Crónicas están tan maravillosamente documentadas. Porque esta profesora no se sirve de lo estudiado, sino que son las fuentes las que le van revelando en todo momento la visión de la vida y los sucesos que ya ocurrieron y que ella siente la vocación de relatar. La autora rastrea y nos muestra un concreto mundo histórico, la Cádiz asediada en 1800, que ensambla el presente con el pasado mediante un lenguaje coral, versátil y preciado, dentro de una libertad formal en la que se unen tradición y renovación, erudición y sencillez de manera tal que revela el riguroso eclecticismo y la pluralidad de instancias creativas que caracterizan a Las crónicas de Cádiz.
En ellas los personajes, los acontecimientos, los ambientes, los hechos, aparecen expresados con una capacidad creativa que tiende siempre hacia la evocación, de manera que el lector se ve envuelto en una atmósfera que lo sitúa dentro de aquellos hechos. Unos hechos de al adentrarse en el ámbito del interés del lector de hoy, vuelven con toda su carga de significados y situándose ante nuestra sensibilidad actual. Y ello supone una verdadera recuperación de nuestra memoria. La memoria, esa huella furtiva, efímera, nos enseña capítulo a capítulo, pero con seguridad el sabor de la vida.
Las Crónicas están escritas para ser publicadas en el Diario de Cádiz y por ello tan esencial como el tono divulgativo y periodístico es la publicación del texto de la forma en que se viene haciendo: la publicación por capítulos semanales –que recupera la mejor tradición de la publicación por capítulos en los diarios de las novelas del XIX-, a doble página y con las ilustraciones bien seleccionadas que aportan la reproducción de los documentos, grabados y cuadros junto al texto. El lector recibe así una visión ilustrada, muy documentada y placentera de los acontecimientos. Esa disposición amplia, en la que el texto aparece cuerpo a cuerpo con las ilustraciones que mejor fijan los sucesos relatados y los transcienden, sólo puede hacerse desde las páginas del Diario.
[Sin embargo, y creo que a nadie se le escapa, una vez que se hayan publicado en el periódico, será imprescindible que las Crónicas aparezcan en un hermoso libro que los lectores estamos esperando ya.]
Hemos hablado de Las Crónicas como del Diario de un relator, de unas Crónicas. La autora ha sido también rigurosa en este aspecto. Podría haber hablado de Narración, pero ella es prudente y sabe que definir la narración como “el arte de contar una historia” parece una banalidad incalificable; ni siquiera es una tautología. Juan Benet, en carta personal a Javier Marías, le dijo en cierta ocasión: “Pienso a veces que todas las teorías sobre el arte de la novela se tambalean cuando se considera que lo mejor de ellas son, pura y simplemente, algunos fragmentos”. Los fragmentos configuran una especie de ionosfera con un límite constante, con todo lo mejor de la creación humana situado a la misma cota. En Las Crónicas hay, además, un hondo aliento poético que, como la niebla, todo lo impregna. Y un poderoso magnetismo por capítulos. Ese magnetismo que ejerce un fragmento satisfactorio, que en sí mismo es perfecto, en contraste con una novela que no lo puede ser nunca, por su propia constitución.
Miguel Ángel Toledano
Profesor de Literatura Hispánica


A ARES
05 06 10 - 22:01 #
QUE PUEDO DECIR, ESTUVE ALLÍ EL DÍA DE LA CONFERENCIA Y SALÍ CON UNAS GANAS INMENSAS DE HACER COSAS. eSTA CHICA TRANSMITE, COMUNICA, EMOCIONA Y SOBRE TODO CONOCE LA REALIDAD DE LA ÉPOCA. CREO QUE SERÍA UN MAGNIFICA GESTORA DE LOS ACTOS DEL BICENTENARIO.