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El gusto por la porcelana

Publicado el 27 de enero de 2012 en por Hilda Martín, sin comentarios.

El gusto por la porcelana

La historia de la porcelana comienza en China en el siglo II DC y fue Marco Polo el que la hace famosa en Occidente. Desde ese momento, las especulaciones y leyendas sobre su composición son enormes pero será recién en 1709 que Johann Bottzer, joven alquimista del Rey Augusto I, descubrirá su secreto: la calidad especial de la tierra, el caolín aliado a los feldespatos. Debido a que Occidente tardó tres siglos en obtener una porcelana aceptable, la que se importaba de Oriente acostumbró a los europeos en el gusto por las “chinerías”. Los temas y motivos exóticos, la decoración extraña, los trajes de los personajes y los paisajes orientales, fueron apreciados y copiados hasta 1735 en que esta moda declinó.
Esta cerámica durísima, de pasta blanca transparente, fue una verdadera pasión en el siglo XVIII. Todo tipo de objetos poblaron los salones manufacturados en porcelana: jarras, palanganas, juegos de te, café, chocolate, toda la vajilla necesaria para comer, candelabros, pomos de puertas, bastones, chimeneas, apliques de porcelana para los muebles, juegos de baño e incluso habitaciones enteras recubiertas de este material.
La porcelana creo un espacio singular para celebrar las fiestas, comidas y banquetes propios del siglo XVIII

El servicio de mesa en los inicios del siglo XIX

En el siglo XIX se va a extender el concepto de servicio de mesa, no solo haciendo referencia a al vajilla unificada sino también al servicio de cristalería y orfebrería. Se multiplicaron de manera increíble las formas y funciones de los objetos destinados al servicio de mesa, y también las de los utensilios de cocina, originada por los nuevos hábitos alimenticios, entendiendo por éstos las nuevas recetas. El servicio de cristalería comenzó a ofrecer copas apropiadas para agua, vino blanco, vino tinto y champagne, sino también formas y tamaños diversos dedicados al clarete, al jerez, al oporto, al coñac, al jugo de naranja, a la cerveza, a los sorbetes y a los helados, además de los correspondientes botellones y jarras para cada tipo de bebida. También aparecieron accesorios en cristal como platos, aceiteras, vinagreras, saleros, azucareras, compoteras, etc. Así nació el servicio de cristalería en la manufactura de Saint-Louis en Moselle donde, en 1781. Hasta que en 1820, el descubrimiento en los Estados Unidos del vidrio prensado introdujo una alternativa muchísimo menos costosa.
En cuanto al instrumental para servir, aparecieron bajoplatos, servilleteros, jarras, portabotellas , diversos tipos de cuchillos trinchantes, tijeras, tenazas, cucharas para servir salsa, cubiertos para mariscos y pescado. Los cubiertos comenzaron a ser dispuestos sobre la mesa según el orden de su uso como un especializadísimo instrumental quirúrgico. La difusión de esta diversidad se vio favorecida por la aceptación que tuvo la orfebrería realizada en simples aleaciones bañadas en plata o metal plateado a través de una serie de importantes encargos reales de la década de 1850 que encontró un material más barato y muy útil.

Del mismo modo creció la importancia de la vajilla, especialmente la de porcelana. Que permitía un modelado espectacular y además en la mesa contaba con la propiedad del color.

La aparición de nuevas recetas que, además, incluían ingredientes en muchos casos exóticos en gran parte puestos de moda por el gusto de Napoleón en saborear alimentos corsos, generó toda una serie de platos diferentes. La vajilla no eran la misma si en ella se servían el desayuno o la comida, si el plato era líquido o solido , si iba acompañado por ensalada, quesos o huevos, si los productos de mar eran pescados o crustáceos, etc. Lo mismo sucedió con los recipientes apropiados fuentes, guiseras, soperas, salseras para presentarlos en la mesa y servirlos. Si en el siglo XVIII la aparición de productos de porcelana dependió de las costumbres, en el XIX va a depender del uso.
Fue tal el gusto por la vajilla de porcelana que las familias burguesas y adineradas comenzaron a mostrar y exhibir las piezas en vitrinas, por el solo placer de ser contempladas. Esta novedad decorativa nació probablemente en Sevres.
El servicio de desayuno era tan completo que suponía tener una vajilla integra para este momento. Además de las tazas, platos, teteras y cafeteras, se daban platos para los distintos alimentos que se consumían por la mañana; frutas, compotas, helados, tartas. Café, té o chocolate eran bebidas matinales, propias del petit dejeuner, acabado de levantarse o del dejeuner, desayunos a media mañana. y más especialmente el café: la costumbre de tomarlo luego del almuerzo probablemente sea de influencia italiana. Encontramos diversos tipos de servicios: más allá de distintos en cuanto a la técnica cerámica en la que fueron realizados -loza, porcelana, dependía n también del número de comensales, los hubo para seis, doce, veinticuatro y cuarenta y ocho personas. Un servicio de mesa completo podía llegar a comprender un número tal de piezas que hoy nos resulta realmente increíble. El juego de orfebrería ordenado por Napoleón III como regalo para el Emperador de México, comprendía 4.938 piezas. El surtout podría ser definido como un conjunto de piezas destinadas al centro de la mesa con una doble función: cumplir un determinado servicio y ornamentarla. Dicho conjunto estaba conformado por jardineras para flores, canastos para frutas, de dulces, candelabros, pedestales, esculturas, etc., que se disponían simétrica y longitudinalmente sobre la mesa ordenada de tal manera que los más altos e importantes estaban en el centro y el resto dispuestos en orden de mayor a menor tamaño hacia cada extremo. La excusa del surtout dio rienda suelta a la imaginación y maestría de artistas y artesanos para realizar piezas que son obras de arte en sí mismas, realizadas en metales preciosos, cerámica, cristal, piedras semipreciosas o una combinación de todos estos materiales, generalmente en suite con los servicios de orfebrería, vajilla o cristalería o siguiendo algún tema iconográfico como la industria, la geografía, las artes, etc.

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