La Pepa Hoy

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diputación de Cádiz

Prospecto

La historia de las ciudades es la historia de los hombres y mujeres que la habitan. Los acontecimientos y los hechos que acumulan y que nutren la historia, los personajes y las consecuencias de sus actos, suceden no solo en el tiempo, sino que se ubican en lugares concretos configurando paisajes urbanos o rurales en los que la cotidianidad de los días y la rutina del discurrir de la vida se ve interrumpida en ocasiones por convulsiones políticas, sociales y militares que les llevan a transformarse.

Es entonces cuando se muestran en todo su esplendor. Los cambios internos, el asedio o el miedo a lo que está por venir, les hacen reaccionar con ingenio, patriotismo y ansias de libertad. Se ponen en funcionamiento mecanismos de protección y defensa que hasta entonces desconocían.

Tiembla el pulso del enemigo que vigila desde el horizonte al observar un bloque homogéneo de gente que a una sola voz grita por la defensa del suelo que pisa. La cólera de las ciudades amenazadas crece al saber de los sentimientos de las otras ya ocupadas. Y entonces, las ciudades crecen y cambian. Se nutren de población que despavorida encuentran en ellas el cobijo a sus ideales revolucionarios. Se transforma refugiándose en baluartes, fortines y murallas. Construyen puentes, hospitales y centros de beneficencia Cambian los hábitos de consumo, el avituallamiento y el comercio flaquea. Los espectáculos y las fiestas se convierten en bandos y proclamas vivas y profundas de las voces de la calle. La prensa es el cuaderno de bitácora de un país enardecido. La muerte se hace más presente que nunca y la sanidad —la beneficencia— se muestra a cara descubierta. El sentimiento religioso prevalece como el sostén ideológico de la resistencia. Crece el afán por hacerse fuerte y la imaginación llega al poder, el pueblo protagonista de estos cambios sabe que su ciudad es el punto de partida para la recuperación de la libertad y su esfuerzo por conseguirla se hace desde cada calle y desde cada esquina. Desde cada población de la provincia, los ciudadanos de Cádiz, de un modo ejemplar, se entregaron a la causa constitucional.

La consecución del objetivo último, la redacción de la Carta Magna, es solo la culminación de un proceso que no hubiera sido posible sin los años previos a ella. Todos los hechos puntuales, cercanos a la vida diaria de una ciudad amenazada, contribuyeron a ello. La Constitución de 1812 nació el mismo día en el que se produjo el levantamiento de Madrid, el mismo día en el que el pueblo gaditano recorrió las calles de la ciudad provocando la declaración de guerra a la escuadra de Rosilly y entendió que los que hasta ahora eran enemigos pasaban a ser aliados y los aliados enemigos.

Debió ser difícil realizar una reconversión mental tan profunda en tan solo unos días. Abrir las puertas de la ciudad a los que habían provocado el desastre de Trafalgar y hacer presos a aquellos hombres y mujeres con los que habían soportado día tras día el bloqueo inglés, suponía no confiar en tan efímeros aliados en la causa de la libertad.

Y ésta es la ciudad que, como un asilo perpetuo, se triplicó. La ciudad atenta y presurosa a aceptar los cambios. La ciudad llena de noticias despeja todas las dudas y nos muestra día a día cómo ocurrieron los hechos, como aconteció la historia: la de los pueblos y ciudades de la provincia de Cádiz, sometidos a los rigores de la guerra.